Las Amazonas

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Eckard Wolff-Postler

¿Qué son las Amazonas?

Los griegos antiguos llamaron «Amazonas» a un grupo de mujeres guerreras que encontraron al expandir su influencia a Asia Menor, a la actual Turquía.


Al hablar hoy de Amazonas, se unen varios conceptos en un solo término.

Se llaman amazonas las mujeres que montan a caballo y, en ciertas lenguas, aquéllas que demuestran especial habilidad en el tiro. Se ha dado el mismo nombre a una raza de periquitos e incluso podemos toparnos con propuestas de dudoso carácter si ahondamos en esta palabra.

Precisamente, el río Amazonas de Sudamérica recibió tal nombre cuando los conquistadores se encontraron en la orilla con tribus indias cuyas mujeres colaboraban activamente junto a los hombres en la defensa del territorio.



Pero nos dedicaremos a la búsqueda de las pistas que dejaron tras de sí las verdaderas Amazonas.


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¿De dónde procede el nombre «Amazonas» después de todo?

Bien, no está tan claro.

En la lengua persa antigua, el sánscrito, parece que existió la denominación «uma soona», que se acerca a la noción de «Hijo de Uma», donde «Uma» es el nombre de una diosa lunar (?). Igualmente, es verosímil que existiera una palabra del antiguo armenio que sonase parecido y que significara «Mujer-Luna».

En algunas vasijas griegas, se dibuja a las Amazonas con unos escudos en forma de luna e incluso los griegos las ponían bajo la protección de Artemisa, diosa de la caza y de la Luna. Por similitud fonética, pudieron copiar de este extraño pueblo la denominación «uma soona» como «amazona».


Museo Martin-von-Wagner de la Universidad Würzburg. Foto: K. Öhrlein



Como en griego antiguo se corresponde aproximadamente con «sin pecho», debieron de encontrarlo muy agudo. Y podríamos tener aquí otra posible explicación (no comprobada) para la leyenda: las guerreras Amazonas tenían la costumbre de amputarse un pecho.


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¿Qué duración en el tiempo debemos suponerles a las Amazonas?

Alrededor de un milenio es el espacio que podemos suponer con una cierta seguridad para la existencia de las Amazonas. Al menos, éste es el lapso en que aparecen en los relatos antiguos.

Se supone que la guerra de Troya tuvo lugar sobre el 1200 a. C. Homero nos informa en su Ilíada sobre Pentesilea, la princesa de las Amazonas, que encontró la muerte en la guerra.

El siguiente encuentro de los griegos con las Amazonas se sitúa en torno al año 700 a. C. En esta ocasión las guerreras avanzaron hasta Atenas y combatieron con Teseo, que había secuestrado a Antíope en mitad de su propia ciudad.

Alejandro Magno sometió Asia Menor en la batalla de Isos (333 a. C.), donde conoció a Talestris, la reina de las Amazonas.


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¿Cuándo podemos suponer que vivieron las Amazonas?

En este caso estamos forzados a referirnos a las pruebas que proporcionan las fuentes historiográficas, ya que no hay hallazgos lo suficientemente claros. Lamentablemente, muchos de los trabajos de los escritores antiguos han desaparecido.

Se habla de Temiscira, situada a orillas del Termodonte, como ciudad de las Amazonas. Se puede suponer que ambos se encuentran en Anatolia del norte, en la costa sudeste del Mar Negro.

Así, Lisias dice que vivían «a orillas del río Termodonte, que corre hacia el Ponto Euxino (el Mar Negro)».
Pero Pausanias afirma que las Amazonas vivían «en la zona de las montañas del Cáucaso extendiéndose hacia el Mar Hircanio (Mar Caspio)».


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¿Cómo vivían las Amazonas?

De nuevo, hemos de remitir a las fuentes historiográficas.

La primera indicación la encontramos en Lisias, que atestigua:



«En tiempos antiguos, las Amazonas, hijas de Ares, habitaban cerca del río Termodonte, que corre hacia el Ponto Euxino (Mar Negro). Eran el único de todos los pueblos de su alrededor que portaban armaduras de hierro y fueron las primeras en montar a lomos de los caballos, por lo que tomaban a sus ignorantes enemigos por sorpresa y apresaban a los fugitivos o escapaban de sus perseguidores. Por su valor se les consideraba más bien varones que de sexo femenino. Tanto parecían superar a los hombres en su espíritu de lucha que su naturaleza no les causó desventaja alguna».

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Estrabón realiza unas afirmaciones un poco más explícitas:

«Según se dice, las Amazonas también habitaron las montañas de Albania (¡que nadie lo confunda con el estado moderno de Albania!). Teófanes, que tomó parte en la campaña de Pompeyo y llegó al país de los albanos, dice que los geles y los leges, pueblos escitas, vivían entre las Amazonas y los albanos. Y que allí el río Mermadalis fluye justo en el medio entre estos pueblos y las Amazonas. No obstante, otros, entre ellos Metrodoro el escéptico e Hipsícrates, a quien tampoco falta experiencia en las mencionadas regiones, dicen que las Amazonas vivían cerca de las fronteras de los gargarios en las cumbres septentrionales del Cáucaso, llamadas "Montañas Ceraunias"».
«Las Amazonas pasaban el tiempo aisladas y ocupadas arando, sembrando, plantando, pastoreando sus rebaños y, sobre todo, criando caballos. Las más valientes de entre ellas se dedicaban a cazar a caballo y a ejercitarse en las artes de la guerra».

«A todas les era amputado el pecho derecho de niñas, para que pudieran usar su brazo derecho con más facilidad en todo, especialmente para lanzar la jabalina. También empleaban el arco, la espada y un escudo ligero, y preparaban cascos, ropas y cinturones de piel de animal. En primavera, celebraban dos meses, cuando ascendían las montañas vecinas que las separaban de los gargarios. Siguiendo una costumbre antigua, los gargarios también se reunían allí, hacían sacrificios juntamente con las Amazonas y se unían con ellas para procrear. Lo hacían con gran cautela y a oscuras, con discreción, un gargario un Amazona. Cuando se quedaban embarazadas, volvían. Las Amazonas se quedaban con las hembras, pero los niños eran entregados a los gargarios para que los criasen; todo el que recibía un niño se lo quedaba como si fuera suyo a pesar de la incertidumbre de su origen».